Horarios

* Misas:
Todos los días a las 19:30.
Los domingos además a las 12.

* Confesiones:
De lunes a viernes a partir de las 17:30, hasta el comienzo de la misa. Sábados de 10 a 13 y desde las 18 hs. Domingos desde las 18.

* Abierto
El santuario permanece abierto de lunes a viernes   de 8:30 a 20:15
Los sábados de 18:00 a 20:30 y los domingos de 11:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:30

* Otras actividades:
Los 2ºs viernes de mes, de 9:00 a 10:30 se realiza un retiro para mujeres.
De lunes a viernes  de 17:30 a 19:30, y los Sábados de 18:30 a 19:30 hay Adoración al Santísimo.
De lunes a viernes a las 19:00 se reza el Santo Rosario.




Basta empezar. Maneras de ayudar a los demás.



Uno de los deseos del Papa Francisco para el año jubilar de la misericordia que está por terminar es que los cristianos contemplemos la misericordia de Dios y la asumamos como estilo de vida. Con este fin, el equipo de redacción de www.opusdei.org y la productora argentina Dígito Identidad idearon la serie "Basta empezar. Maneras de ayudar a los demás", compuesta por 11 videos, que se fueron publicando mensualmente y que presentan modos concretos en que personas de distintas partes del mundo experimentan la misericordia. En la serie testimonian más de 100 personas procedentes de 12 países.

A pocos días de la clausura del año de la misericordia, se han reunido en una sola página todos los videos de la serie y las guías que los acompañan, integradas por preguntas para generar un diálogo, sugerencias para practicar personalmente las obras de misericordia y palabras de la Sagrada Escritura, del Papa Francisco y de san Josemaría para la reflexión y meditación personal. 
Los videos están a disposición haciendo click aquí

El templo

Nave del templo                                                                                                                                                          Foto Emilio Rodrigo

La construcción del Santuario de Tres Cruces fue  iniciativa del ex arzobispo de Montevideo, Mons. José Gottardi, y como encargado del proyecto  fue seleccionado el Arq. Francisco Collet Lacoste.
El templo comenzó a construirse en octubre de 1996, a muy pocos metros del lugar donde San Juan Pablo II celebró una misa el 1º de abril de 1987. (Click aquí para ver la ceremonia.)
Sin embargo, dificultades económicas no permitieron inaugurar la iglesia hasta el 29 de abril de 2001, e incluso cuando ello ocurrió, faltaba aun colocar pisos, pinturas y buena parte de la decoración y amoblamiento.

Fotos Emilio Rodrigo



 
Vista general de la ceremonia inaugural, que fuera transmitida por televisión. Al fondo la terminal de autobuses y centro comercial de Tres Cruces.

La ceremonia inaugural fue presidida por el sucesor de Mons. Gotardi como arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, quien dedicó el templo al  Señor Resucitado.

Para esa ocasión S.S. Juan Pablo II envió un mensaje grabado que se escucho en un momento de la ceremonia, celebrada a la entrada del templo.

Sagrario                                                                                                                Foto Emilio Rodrigo

Salida del templo                                                                                                                                                         Foto Emilio Rodrigo

San Josemaría Escrivá                                                                                                                                                 Foto Emilio Rodrigo

La atención del Santuario está a cargo de sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei.
A la salida de la iglesia, se ubica un pequeño busto de San Josemaría Escrivá, fundador de dicha prelatura.

* * *

En el subsuelo del templo se encuentra el Centro Pastoral de Tres Cruces, donde  se dictan diversos cursos de formación cristiana.




Con una Misa celebrada por el Cardenal Sturla se festejaron los 60 años de la llegada al país del Opus Dei y del P. Gonzalo Bueno, nuestro primer capellán.



El 20 de octubre de 1956, el P. Gonzalo Bueno y el P. Agustín Falceto, llegaban a nuestro país enviados por San Josemaría Escrivá a iniciar la labor apostólica del Opus Dei en Uruguay.
Para dar gracias a Dios de tal acontecimiento, el pasado 20 de octubre se celebró en la Catedral Metropolitana  una Misa que fue presidida por el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla.



Al final de la ceremonia, el P. Gonzalo hizo un pequeño resumen de la labor del Opus Dei en sus primeros 60 años en el Uruguay. 
Un completo reporte de la Misa, incluyendo la homilía del Cardenal Sturla pueden ser leídas en el sitio de la Iglesia Católia de Montevideo, haciendo click aquí.








P. Gonzalo Bueno

En días previos a la ceremonia, el P. Gonzalo recordaba:“Cuando trato de evocar aquellos primeros años en Uruguay, se hace más evidente la protección de Nuestra Señora, la Virgen María, movida por la oración de San Josemaría. Nuestra tarea era muy clara: hacer el Opus Dei en Uruguay; los medios que teníamos que poner, también: rezar mucho, conocer gente, instalar el oratorio y la sala de estudio. Recuerdo, como si fuera hoy, en qué concretó el P. Agustín lo más urgente y eficaz: “Empapemos las paredes de la casa con jaculatorias –con oraciones sencillas y abundantes, que salen del corazón-, que así, cuando comiencen a venir los jóvenes, se les pegarán”...

 "Zarpamos con el P. Agustín Falceto, en un barco repleto de emigrantes, desde Cádiz. En las dos semanas de travesía, conocimos a mucha gente nueva con la que compartimos el viaje. Recuerdo por ejemplo a dos chicos jóvenes. Se consideraban ateos, pero llegaron a ser buenos amigos nuestros. Siempre se mantuvieron en sus posiciones. Sin embargo, a la hora de despedirnos, uno de ellos nos pidió el Evangelio; el otro, también emocionado, decía: “Les deseo mucho éxito en la labor apostólica que harán en Uruguay. Aunque le extrañe: de verdad se lo deseo. ¡Mucho éxito!”  

 El P. Gonzalo Bueno y el P. Agustín Falcetoal día siguiente de su llegada , con  el P. Ricardo Fernández Vallespín.


 “Unos días después avistábamos las costas uruguayas, y luego la ciudad de Montevideo. Era de noche; me hubiera gustado divisar tierra desde lejos, a la luz del día, pero así era igualmente bonito. Era bonito sobre todo por lo que nos espera en el puerto: dos familias amigas, a pesar de la hora avanzada, aguardaban por nosotros.”
“A la una de la noche entrábamos en la casa. En el vestíbulo, sobre el único mueble, nos fijamos inmediatamente en un ramo de flores y en un pequeño cartel que decía: Bienvenidos. Qué pronto no quepan en la casa”. 
Recuerdo muy bien aquellas primeras tardes en Montevideo. Tardes de trabajo callado y de oración, como el sembrador espera los frutos que se acercan. Ya soñábamos con la semilla que crece en silencio, y saldrá a la luz cuando Dios quiera. La esperanza era firme, nos sentíamos muy acompañados por San Josemaría y por las personas del Opus Dei que en todo el mundo rezaban por nosotros y por los comienzos en estas tierras.” 



La labor apostólica en Uruguay contó en todo momento con la oración y el impulso de san Josemaría, manifestado, entre otras cosas, en sus cartas llenas de afecto. El 8 de mayo de 1957, Agustín Falceto y Gonzalo Bueno tuvieron una grata sorpresa; en una de las cartas que habitualmente les enviaban desde Roma, san Josemaría había añadido de su puño y letra: 

“Queridísimos, que Jesús me guarde a esos hijos. Muy contento con vuestro trabajo y por el cariño que mostráis al Colegio Romano  de la Santa Cruz. Una felicitación muy cariñosa, por su santo, a Gonzalo. Para los dos, un fuerte abrazo y la bendición de vuestro Padre.” . 


Aunque pasaban por graves necesidades económicas, no habían dudado en enviar a Roma un generoso donativo que habían recibido, para ayudar a sacar adelante la construcción del Colegio Romano.
 En una carta de junio de 1963 les confiaba: “Queridísimos: que Jesús me guarde a esos hijos. No sabéis cuánta alegría me dan vuestras cartas. Os encomiendo continuamente y estoy seguro de que el Señor y la Santísima Virgen seguirán bendiciendo vuestra labor. Rezad por mí. ¡Cómo me gustaría ir a veros! Os bendice cariñosamente vuestro Padre” .

 San Josemaría no llegó a cumplir su deseo de visitar Uruguay. Cuando estuvo en la Argentina del 7 al 28 de junio de 1974, más de trescientas personas viajaron desde Uruguay para conocerlo.
Antes de 1974, muy pocos uruguayos conocían a san Josemaría. Para quienes pertenecían al Opus Dei, el encuentro con él les llevó a reafirmarse en su decisión de ser. Para otros, fue el inicio de la llamada a vivir la vocación cristiana en el Opus Dei. En cualquier caso, para todos supuso una confirmación en las verdades perennes de la fe católica.
En efecto, cuando en 1975 san Josemaría se fue al cielo, el Opus Dei ya era bien conocido en el país. Los cursos de Secretariado que se impartían en el Colegio del Plata tenían reconocido prestigio. Por lará y la Residencia Universitaria Montefaro, que había comenzado en 1972, habían pasado centenares de personas, así como por la Residencia Universitaria Mar, que había abierto sus puertas en 1967 a jóvenes universitarias. En el interior del país, mujeres y hombres que conocieron el espíritu del Opus Dei siendo estudiantes en Montevideo, lo extendieron entre sus familias y amigos.

El P. Gonzalo y el P. Agustín hoy.

En 1975, se adquirió la casa de retiros La Cantera. Poco después empezó el Centro de Estudios Miradores. En los años siguientes se abrieron centros culturales en otros barrios de Montevideo. En 1978, se pusieron en marcha colegios impulsados por padres de familia; en 1990, el Centro Asistencial de Desarrollo Integral (CADI) y el Centro Los Pinos; en 1995, empezaron la Escuela de Gastronomía y Hotelería del Plata y tantas iniciativas más que, impulsadas por el espíritu de san Josemaría, dan frutos abundantes de vida cristiana y de formación profesional cualificada en el Uruguay.
En 1986 un grupo de profesionales, entre ellos algunos miembros del Opus Dei, iniciaron el Instituto de Estudios Empresariales de Montevideo las actividades de carácter académico se ampliaron en años posteriores: Derecho, Estudios empresariales, Economía, etc. Desde el principio los promotores solicitaron que atendiera la formación cristiana de los alumnos. En 1995, el gobierno uruguayo dictó un decreto con el que se establecía un marco normativo que permitiría la creación de universidades no estatales. El 29 de abril de 1997 la Universidad de Montevideo fue reconocida oficialmente.

Artículo del Prelado del Opus Dei sobre la JMJ 2016





ABRID LAS PUERTAS A LA MISERICORDIA
Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei

Una vez más, en torno al Santo Padre se reunirán cientos de miles de chicos y chicas procedentes de todo el mundo. Dejarán por unos días sus hogares, sus estudios o sus actividades ordinarias para celebrar juntos la belleza de la fe cristiana y de la Iglesia santa.
La intuición de san Juan Pablo II —quien propuso a los jóvenes estas jornadas hace ya 30 años— ha arraigado con fuerza en la vida de muchachas y muchachos —católicos o no— del mundo. Ahora, esta Jornada de 2016 retorna a las raíces geográficas y espirituales del santo Pontífice polaco: allí la misericordia será de nuevo la chispa que encenderá tantos deseos de entrega a Dios, de conducta de servicio a los demás. En los oídos de quienes atravesarán Europa, camino de Cracovia, resonarán esas palabras que sorprendieron al mundo y que continúan siendo actuales: ¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo!
Siguiendo los pasos de san Juan Pablo II y de santa Faustina Kowalska —que nos hablan de la Misericordia de Dios—, serán días de propuestas a los jóvenes para abrir las puertas del alma, para descubrir la misericordia. En efecto, hemos de evitar el riesgo de que misericordia sea únicamente una hermosa palabra, capaz de llenar discursos, frases redondas o canciones, pero que no tome cuerpo en nuestro ser y en nuestro obrar. Por eso, el Papa Francisco nos ofrece muchas oportunidades  —esta JMJ es un ejemplo— para experimentarla y encarnarla.
La misericordia de Dios es idéntica a Él, por eso brota desde su mismo misterio. Para desvelar su contenido, hay que acogerla, y el mejor modo —el camino más directo y gozoso— pasa a través de la confesión de nuestras faltas en el Sacramento de la Penitencia. Dejar en sus manos nuestras ofensas nos permite conocer hasta qué punto nos ama el Creador. “Jesucristo —decía san Josemaría— está siempre esperando que volvamos a Él, precisamente porque conoce nuestra debilidad”. Ojalá muchos jóvenes regresen de Cracovia con la mirada más limpia y el alma alegre tras haberse puesto en manos de la gracia divina, tras haber sentido el abrazo de este Padre divino que siempre espera nuestro regreso. ¡No tengamos miedo, abramos las puertas a la misericordia de Dios! Esta actitud nos conduce a volver al bien, si lo hemos perdido, y genera nuevos deseos de amor.
La misericordia cobra su fuerza en nosotros también cuando se ejercita. Tal es su poder, pues posee la capacidad de llenar una vida, de transformar una existencia gris en la fuerza poderosa, positiva y pacífica, que necesita nuestra sociedad. La sana inconformidad caracteriza al alma joven, como explicaba san Josemaría: “De joven fui rebelde y ahora lo sigo siendo. Porque no me da la gana protestar por todo sin dar una solución positiva, no me da la gana llenar de desorden la vida. ¡Me rebelo contra todo eso! Quiero ser hijo de Dios, tratar a Dios, portarme como un hombre que sabe que tiene un destino eterno y además pasar por la vida haciendo el bien que pueda, comprendiendo, disculpando, perdonando, conviviendo...”.
Estas fechas en Polonia nos ofrecerán numerosas ocasiones para ejercitarnos en la misericordia, en el espíritu de servicio: la convivencia con personas desconocidas, los momentos de espera, el calor y el frío, las horas escasas de sueño u otras incomodidades nos facilitarán oportunidades para atender y ayudar a los demás como lo haría Jesucristo. Ojalá con esta experiencia, cada uno regrese a su hogar con un propósito —concreto y personal—, que contribuya a difundir el poder de la ternura de Dios en todos los rincones de este mundo.
Si hacemos de estos días una escuela de misericordia, cada peregrino volverá a su lugar de origen con la mochila cargada de esperanza, capaz de repartir a manos llenas el tesoro inagotable que guarda un alma que se ha dejado abrazar por el Señor.

Historias de Vida


Una serie documental sobre hombres y mujeres de nuestro tiempo, que supieron buscar, y encontrar, la santidad en medio del mundo.


Mons. Álvaro del Portillo

Documental: Trabajar para los demás from Opus Dei on Vimeo.




José María Hernández Garnica



Dora del Hoyo



Ernesto Cofiño


Guadalupe Ortiz de Landázuri

Isidoro Zorzano

Montse Grases

La Misa de San Juan Pablo II en Tres Cruces

El 1º de abril de 1987, S.S. Juan Pablo II celebró una misa a muy pocos metros de donde hoy se levanta el Templo del Señor Resucitado.

Los invitamos a recordar aquella ceremonia.


Parte 1


Parte 2


Parte 3


Parte 4

Oraciones de siempre


 
La Señal de la Cruz
 
Por la señal de la Santa Cruz (+ en la frente), de nuestros enemigos (+ en la boca), líbranos Señor, Dios nuestro (+ en el pecho).

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (+ de la frente al pecho, del hombro izquierdo, al derecho). Amén.
 
Padrenuestro
 
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes: caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
 
Avemaría
 
Dios te salve, María; Llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.
 
Gloria
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
 
Acto de Contrición: Es un modo de pedir perdón a Jesús por nuestros pecados:
 
Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
 
Yo Confieso
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y, ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos, y a ustedes, hermanos, que intercedan por mi ante Dios, nuestro Señor. Amén.
 
El Credo de los Apóstoles
 
Creo, en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de los muertos; y la vida eterna. Amén.

 Credo (Símbolo Niceno-Constantinopolitano)

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén. 

Salve
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡0h clemente!, ¡Oh piadosa!, ¡Oh dulce siempre Virgen María!
V Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
 
Bendita sea tu pureza
 
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
 


Acordaos

 Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
 
Al Ángel de la Guarda
 
¡Ángel de mi guarda, dulce compañía! No me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Ángel de mi guarda, ruega a Dios por mí. Amén.
   
¡Ven, Oh! Espíritu Santo 

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor,
V/. Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas.
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
 
Oración

Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo: concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu y gocemos siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

Ángelus:

V/. El Ángel del Señor anunció a María.
R/. Y concibió, por obra del Espíritu Santo.
Ave María.
V/. He aquí la esclava del Señor.
R/. Hágase en mi según tu palabra.
Ave María.
V/. Y el Verbo se hizo carne.
R/. Y habitó entre nosotros.
Ave María.
V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
Regina Coeli
 
V/. Alégrate, Reina del Cielo aleluya.
R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno ¡aleluya!
V/. Ha resucitado, según predijo ¡aleluya!
R/. Ruega por nosotros a Dios ¡aleluya!
V/. Gózate y alégrate, Virgen María ¡aleluya!
R/. Porque ha resucitado Dios verdaderamente ¡aleluya!
 
Oración: Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

 
Oración mental

Al empezar:

Por la señal..
.
Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes; te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
 
Al  terminar:

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación; te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
 

Bendición de la mesa

Al comenzar
 
V/.Bendícenos, Señor, a nosotros y a estos alimentos que recibimos de tus manos.
R/. Amén.
V/. El Rey de la Gloria Eterna nos haga participes de la mesa celestial.
R/. Amén

Al Terminar
V/.Te damos gracias, Omnipotente Dios, por todos tus beneficios. Tú que vives y reinas por los siglos de los; siglos.
R/. Amén.
V/. El Señor nos dé su Paz.
R/. Y la vida eterna. Amén.


 

Jaculatorias
 
Para Dios toda la gloria.
Porque Tú eres, ¡oh Dios! mi fortaleza.
Señor, aquí me tienes, porque me has llamado.
Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad.
¡Auméntame la fe!
¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, que soy un pecador!
¡Señor! Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo.
!Señor mío y Dios mío!
Corazón sacratísimo de Jesús, ¡danos la paz!
¡Sagrado Corazón de Jesús! En Ti confío.
¡Ave María purísima, sin pecado original concebida!
¡Santa María, Madre del amor hermoso, ayuda a tus hijos!
¡Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro!
 
 
ORACIÓNES POR LOS DIFUNTOS



V/. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
Salmo 129
V/. Desde lo hondo a ti grito Señor¡ Señor! Escucha mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi
súplica.
R/. Mi alma espera en el Señor.
V/. Si llevas cuenta de mis delitos, Señor ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así
infundes respeto.
R/. Mi alma espera en el Señor.
V/. Mi alma, espera en el Señor, espera en su palabra: mi alma aguarda al Señor más que el
centinela la aurora.
R/. Mi alma espera en el Señor.
V/. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la
redención copiosa; y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.
R/. Mi alma espera en el Señor.

* * *

Oh Dios, creador y redentor nuestro, concede a las almas de tus hijos el perdón de todos sus pecados, para que por nuestras fervorosas oraciones, consigan la felicidad y la paz que siempre desearon. Por Cristo nuestro Señor. Amén
 
* * *

Absuelve, te rogamos, Señor, el alma de tu hijo (a)... de todo vínculo de pecado, para que en la gloria de la resurrección, descanse dichoso (a) entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
 
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
 
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirve, el Padre lo premiará.

V/. Palabra del Señor
R/. Gloria a ti Señor Jesús.
Preces finales por un difunto
V/. Oremos a Dios nuestro Padre, fuente de bondad y de misericordia, por medio de Jesucristo su Hijo, y digámosle.
R/. Tú eres la resurrección y la vida.
V/. ¡Señor! Tú que lloraste en la tumba de Lázaro, dígnate enjugar nuestras lágrimas.
R/. Tú eres; la resurrección y la vida.
V/. Tú, que resucitaste a los muertos, concédele la vida eterna a nuestro (a) hermano (a).
R/. Tú eres la resurrección y la vida.
V/. Tú que purificaste a nuestro hermano (a) con las aguas del Bautismo, dígnate admitirlo (a) en el lugar de los santos y elegidos.
R/. Tú eres la resurrección y la vida.
V/. Y a nosotros aún peregrinos en esta vida, dígnate alimentar nuestra fe y nuestra esperanza en la vida eterna.
R. Tú eres la resurrección y la vida.
V/. Padre nuestro...
y no nos dejes caer en tentación.
R. Y líbranos del mal
V/. Dale (s) Señor el descanso eterno.
R/. Y luzca para Él (ella) (ellos) la luz perpetua
V/. Descanse (n) en paz.
R/. Amén.
V/. Su (s) alma (s) y la de todos; los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

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Recursos para catequesis

Para catequesis infantil


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Catequesis para la primera Comunión (en audio)


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Dibujos y otros materiales para catequesis


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Catecismo de la Iglesia Católica


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Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica